miércoles, 29 de abril de 2015

Marea.

No sabría decir con exactitud qué canción sonaba, tal vez Prima Tristeza o Ciudad de los Gitanos. Kutxi se arrancaba la voz en el escenario y se desnudaba el alma en cada aliento. 
A mí me iba a explotar la poesía con cada acorde de guitarra. 
Era una de esas noches que recuerdas, de esas un poco putas, algo borrachas, escasas de estrellas y más bien inciertas. 

Tampoco recuerdo cómo, ni por qué, aunque presupongo una mirada. La mía demasiado ingenua, la tuya demasiado hecha. 

Después un hola, un nombre y cuatro verdades mal dichas. 
Cinco años de distancia entre tus experiencias y las mías. 
Una moto que prometía viajes a cualquier otra parte, una conversación con vistas al mar, y el por qué de un adiós que nunca he llegado a recordar.

Casi diez años de distancia, esta vez, entre tus manos y las mías. Concretamente era África y Enero.  
Un quiero caer en el error en el en que una vez no caímos, no dicho. Y un sé a lo que vuelves, pero hace tiempo que me he ido. 

Sin embargo no te importaron los peros, ni a mí los miedos. Trastabillar era tan fácil que habría resultado decepcionante. 

No tuve miedo de equivocarme, porque no me habrías dejado, aunque quisieras. Aunque querías. 
Aunque hubieses sido un precioso error y un nefasto acierto.
Soñé una vez que éramos libres y me levanté incendiada por dentro. 

Estábamos demasiado lejos desde todas las perspectivas imaginables.
Y salvar las distancias habría sido como matarnos la risa.

Y entonces un hola, un nombre y un hasta luego.
Los kilómetros que nos faltaban los pusimos en tiempo. 


Bloody. 

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