miércoles, 29 de abril de 2015

Y bastará.

Si trato de explicarte que quiero contigo, aunque no te quiero, no llores por no escuchar lo que querías oír. 
Se me da tan bien mentir, que soy demasiado sincera. 

Y no finjas que me entiendes, no quiero que lo hagas, no es eso. 
Ni me traigas rosas para que te cuente cuánto te he echado de menos, porque no lo he hecho. 

No pienso acariciarte la mano y aletear las pestañas en un intento de seducción barato. Soy más de clavarme en tus pupilas hasta que te sangren los recuerdos y me pidas clemencia. 

Se me da mejor doler que amar. 

Que si llevo un vestido de flores es porque veas que estoy rodeada de espinas, que la primavera es un disfraz macabro. 
Y tú decides si se mira, pero no se toca. O se toca, pero no se mira. Aunque has de saber que espero peor que bailo. 

Estaré siempre que no puedas y querrás siempre que no esté. 

Voy a pintarte un lienzo de esperanza y lo voy a hacer añicos mientras río descalza al borde de un abismo. Como una cría consentida. 

Voy a llevarte por la calle de la amargura y no vas a querer soltarme de la mano. 

Voy a ser tan yo que un día me dirás que ya basta. 
Y bastará. 

Bloody. 

Marea.

No sabría decir con exactitud qué canción sonaba, tal vez Prima Tristeza o Ciudad de los Gitanos. Kutxi se arrancaba la voz en el escenario y se desnudaba el alma en cada aliento. 
A mí me iba a explotar la poesía con cada acorde de guitarra. 
Era una de esas noches que recuerdas, de esas un poco putas, algo borrachas, escasas de estrellas y más bien inciertas. 

Tampoco recuerdo cómo, ni por qué, aunque presupongo una mirada. La mía demasiado ingenua, la tuya demasiado hecha. 

Después un hola, un nombre y cuatro verdades mal dichas. 
Cinco años de distancia entre tus experiencias y las mías. 
Una moto que prometía viajes a cualquier otra parte, una conversación con vistas al mar, y el por qué de un adiós que nunca he llegado a recordar.

Casi diez años de distancia, esta vez, entre tus manos y las mías. Concretamente era África y Enero.  
Un quiero caer en el error en el en que una vez no caímos, no dicho. Y un sé a lo que vuelves, pero hace tiempo que me he ido. 

Sin embargo no te importaron los peros, ni a mí los miedos. Trastabillar era tan fácil que habría resultado decepcionante. 

No tuve miedo de equivocarme, porque no me habrías dejado, aunque quisieras. Aunque querías. 
Aunque hubieses sido un precioso error y un nefasto acierto.
Soñé una vez que éramos libres y me levanté incendiada por dentro. 

Estábamos demasiado lejos desde todas las perspectivas imaginables.
Y salvar las distancias habría sido como matarnos la risa.

Y entonces un hola, un nombre y un hasta luego.
Los kilómetros que nos faltaban los pusimos en tiempo. 


Bloody.