jueves, 24 de diciembre de 2015

Maravillosamente jodida, jodidamente maravillosa.

En la misma noche me han invitado al primer piso de un edificio de once, hecho de papel y cartón; he bebido un ponche invisible; me he sentado en el sofá del paraíso y me han besado incontables veces las mejillas. 

He sonreído y he fruncido el ceño. Sin duda más de lo primero. 

Me he sentido otra vez infante y a la vez demasiado mayor. Pero en mi sitio; en el de siempre. 

He olido uno de esos olores que forman parte del recuerdo y he apostado todo a mi intuición como me ha enseñado el tiempo. 

He entendido que la vida merece tanto la pena como quieras ser feliz en ella. 

Que es maravillosamente jodida y jodidamente maravillosa 
a partes iguales. 

Bloody

sábado, 28 de noviembre de 2015

Todas tus guerras perdidas.

Resuena en mi cabeza esa estrofa 'y el amor, se fue volando por el balcón, a donde no tuviera enemigos'. 

Y aún no ha vuelto. 

Siguen las trincheras llenas de recuerdos que se están quedando sin munición y soldados sin banderas. 

Y como en la mayoría de las guerras el sentido de la nuestra hace tiempo que perdió la razón. 

Que hemos perdido por inercia al caer en la trampa de los que un día supieron que ganaríamos si fuésemos conscientes de nuestro valor.  

Que el amor quiso llevarnos más allá de ese balcón y nosotros decidimos quedarnos. 
Sin fuerzas, ni refuerzos.

Y ya no quedan puertas, ni ventanas, ni salidas de emergencia. 

Pero ojalá descubramos que tenemos valor y que si lo intentamos, ganamos. 

Bloody.

domingo, 7 de junio de 2015

A falta de palabras, buenas son tortas.

A veces temo no estar a mi altura y enmudezco hasta hacerme minúscula entre palabras que no recobran el sentido. 
Me da más miedo ser alguien que no soy, a no ser sencillamente. 

Que no quiero que me saquen a bailar, por si te vas con la música a otra parte y me quedo sola. 
Que no es la soledad la que me asusta, sino el descaro de mis miedos. A mí sácame de la jaula que es la incertidumbre y ya bailaremos sobre la tumba de las dudas, sin necesidad de salir de nuestro asombro. 

Cada vez que se me atascan las palabras, cada vez que se me congelan en los dedos, cada vez que mis musas me abandonan y los monstruos me señalan con el dedo.  
Cada vez que escribir cura y no puedo parar la hemorragia interna. Me ahogo de miedo. 
Y nada que ver con el mar que no cuelga de tus pestañas. 

Si no puedo escribir, me falta el aire y esta vez tu aliento en mi pelo no es suficiente consuelo. 
Si no puedo escribir, cada pedazo se hace añicos y estos a su vez escombros esparcidos por el suelo. 

Si encuentro palabras, pero éstas no me encuentran a mí, caigo en picado hacia el desvelo, desconsuelo de mi boca al tener que pronunciar unas palabras que no quiero.   

Bloody. 

miércoles, 29 de abril de 2015

Y bastará.

Si trato de explicarte que quiero contigo, aunque no te quiero, no llores por no escuchar lo que querías oír. 
Se me da tan bien mentir, que soy demasiado sincera. 

Y no finjas que me entiendes, no quiero que lo hagas, no es eso. 
Ni me traigas rosas para que te cuente cuánto te he echado de menos, porque no lo he hecho. 

No pienso acariciarte la mano y aletear las pestañas en un intento de seducción barato. Soy más de clavarme en tus pupilas hasta que te sangren los recuerdos y me pidas clemencia. 

Se me da mejor doler que amar. 

Que si llevo un vestido de flores es porque veas que estoy rodeada de espinas, que la primavera es un disfraz macabro. 
Y tú decides si se mira, pero no se toca. O se toca, pero no se mira. Aunque has de saber que espero peor que bailo. 

Estaré siempre que no puedas y querrás siempre que no esté. 

Voy a pintarte un lienzo de esperanza y lo voy a hacer añicos mientras río descalza al borde de un abismo. Como una cría consentida. 

Voy a llevarte por la calle de la amargura y no vas a querer soltarme de la mano. 

Voy a ser tan yo que un día me dirás que ya basta. 
Y bastará. 

Bloody. 

Marea.

No sabría decir con exactitud qué canción sonaba, tal vez Prima Tristeza o Ciudad de los Gitanos. Kutxi se arrancaba la voz en el escenario y se desnudaba el alma en cada aliento. 
A mí me iba a explotar la poesía con cada acorde de guitarra. 
Era una de esas noches que recuerdas, de esas un poco putas, algo borrachas, escasas de estrellas y más bien inciertas. 

Tampoco recuerdo cómo, ni por qué, aunque presupongo una mirada. La mía demasiado ingenua, la tuya demasiado hecha. 

Después un hola, un nombre y cuatro verdades mal dichas. 
Cinco años de distancia entre tus experiencias y las mías. 
Una moto que prometía viajes a cualquier otra parte, una conversación con vistas al mar, y el por qué de un adiós que nunca he llegado a recordar.

Casi diez años de distancia, esta vez, entre tus manos y las mías. Concretamente era África y Enero.  
Un quiero caer en el error en el en que una vez no caímos, no dicho. Y un sé a lo que vuelves, pero hace tiempo que me he ido. 

Sin embargo no te importaron los peros, ni a mí los miedos. Trastabillar era tan fácil que habría resultado decepcionante. 

No tuve miedo de equivocarme, porque no me habrías dejado, aunque quisieras. Aunque querías. 
Aunque hubieses sido un precioso error y un nefasto acierto.
Soñé una vez que éramos libres y me levanté incendiada por dentro. 

Estábamos demasiado lejos desde todas las perspectivas imaginables.
Y salvar las distancias habría sido como matarnos la risa.

Y entonces un hola, un nombre y un hasta luego.
Los kilómetros que nos faltaban los pusimos en tiempo. 


Bloody. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

Todo lo que hice, lo hice por mí.

Me he desatado los cordones y las ganas.
Me he soltado el pelo y de tu mano. 
He erigido los cimientos de mis ruinas, a la orilla del mar de tus pupilas. 
He pasado la noche entera en un castillo de arena de tres estrellas, sin salida de emergencia. 

He huido de mí misma para llegar hasta un yo desconocido, que sabe hasta mi mas íntimo secreto. 

Le he pillado al viento queriéndose llevar tus palabras sin permiso y al futuro haciendo un alunizaje en mis recuerdos. 

He perdido una fortuna en desperfectos. 
Y una vez pobre he aprendido a quererme con mis defectos. 

He sonreído por no verte llorar. Y llorado por saberte feliz. 
He hecho las maletas y las he mandado lejos. He guardado en ellas lo que ya no me pongo porque ya no me quitas. 

Me he quitado de en medio, por compartir mi lado de la cama.
He hallado la x bajo tu ombligo y has desenterrado los tesoros de mi infancia. 

He ido en dirección contraria a pesar de los consejos que no he pedido. Me he perdido leyendo mapas que no marcan el lugar exacto donde tiré la toalla para coger una nueva. 

He cruzado en rojo por llegar antes que el tiempo. El que he tardado en darme cuenta de que es por ti y no por mí. 
Y eso es bonito. 
Que por mucho que la razón grite de orgullo, el corazón habla un idioma que no entiendo. 

He echado cuentas y tengo más borrones que declaraciones. De guerra, tu boca con la mía. Pierde el que primero sigue muerto.

He ganado que olvidaba, he sabido que soñaba, he mentido que podía, he escrito que negaba. He hablado que dormía. 

He puesto los puntos finales sobre las íes y se han cerrado las heridas de siete abriles. 

Bloody. 

martes, 17 de marzo de 2015

Qué más da.

Y qué si se queman todos los libros si hemos renegado de la imaginación por puta.
Y de qué me sirve la poesía si no tengo a quién sonreírle, ni llorarle. 
Y qué si de no tener a nadie, no me tengo ni a mí.
¿Cuántos días se puede aguantar viviendo de nada? 

Y qué si las canciones dejan de tener sentido por no tener un quién. 
Y se rompen las cuerdas en arpegios imposibles, trapecistas que desconocen que debajo solo hay caída. 

Y qué si llueve tanto que los cuadros se deshacen, como ver llorar a las paredes los colores que tanta competencia les hacen.

Y qué si no hay más musas porque no hay dinero suficiente.
Si se nos acaba la inspiración, tal vez haya acabado ella con nosotros. 

Y qué si se extinguen las flores, se apaga el sol y se hace añicos la luna. 
Qué más da la distancia si estando cerca sigues lejos. Si tocarte es tabú para mi cuerpo. Si el vino ya no sana, ni las noches enloquecen. 

Y qué más da si una estrella fugaz y cien deseos, si ninguno acaba en sexo. 
Si ir a contracorriente está de moda, me quedo más quieta que un invierno en pleno agosto. 

Y qué si ya no importa, ni tiene, ni da, ni surge, ni añora. 
Y qué si todo se acaba, si es que no estamos acabados ya. 

Bloody. 

miércoles, 4 de febrero de 2015

IV

Ponte ese vestido que tanto me gusta quitarte, la sonrisa de niña buena a punto de hacer cosas malas. 
El sombrero de ala y echar a volar como tú solo sabes.

Súbete las pestañas que quiero verte el otoño incrustado en las pupilas.
Y bájate los miedos para saltar en ellos como si fueran charcos.

No te mires al espejo, no hace falta, quién eres solo se ve por dentro.
Déjame llamarte por tu nombre y por la espalda. Acurrucarme entre tus piernas al refugio de tristeza.
Y cogerte de la mano para caernos juntos y tocar fondo, techo y alma.

Quítate las mentiras de la cara, que no solo estás preciosa cuando te enfadas, sino también cuando no finges.

El contorno de ojos no sé, pero pienso perfilarte la boca a besos. 
E incendiarte las mejillas susurrándote al oído que el último que se quite la ropa pierde. 

Quédate a pasar la noche en vela conmigo, a pesar de que nos muramos de sueños. 
En mi cama hay sitio suficiente para enseñarle el dedo corazón al mes de enero. 

No te digo que no te vayas, 
te pido que te quedes.
No te espero en el andén, 
viajo contigo.
No cuento el tiempo que nos queda,
me quedo el tiempo que haga falta.
No te digo que te quiero,
te lo hago. 

Bloody.

martes, 3 de febrero de 2015

Monstruos, armas y café.

Frebero, lluvía y astillas.
Las palmas de las manos más bonitas que he visto en mi vida, son las suyas quitándome el vestido.

Ventanas, rotos y rincones.
Hay señales de humo en el cielo, de gente que se ha marchado esperando que la encuentren.
Nadie ha ido.

El mar, tu boca y camelias.
Segunda calle a mano izquierda, un callejón sin salida. 
No he podido escaparme de mis miedos.

Fuego, estrellas y silencio.
He cerrado una puerta de una habitación sin ventanas. 
Hace demasiado frío como para no bajar a por tabaco y sexo.

Cipreses, granate y viento.
Se ha tornado la sangre negra y la tinta roja. La ponzoña de beber directamente del envase todos tus cuentos.

Truenos, domingos y camas de 90.
Aquí sólo queda sitio para ti, así que me quedo.

Monstruos, armas y café.
Los buenos días son mentira.

Bloody.

Tengo.

Tengo una botella vacía en la que no me cabe todo lo que quisiera decirte. 

Un móvil de esos que mucha tecnología punta, pero no se autodestruye si pretendo llamarte a las cinco de la mañana para pedirte que tú también me eches de menos.
Casi tanto como yo a mí.

Tengo un cuaderno intacto, lo suficientemente blanco para izar bandera.
Y firmar la paz a base de besarnos con violencia.

Tengo muy mala memoria, o peor, cruel memoria que no me deja olvidarte. 

Tengo una máscara oscilando en el contorno de mis costillas.
Tengo un muro levantado para que no se vea que detrás no quedan ni siquiera ruinas.

Tengo el espacio justo que hace falta para llevarme el frío a todas partes. 

El invierno no existe, sólo es un montón apilado de miserias.

Tengo ganas de bailar, pero ya no hay nadie que me saque de mis casillas.

Tengo veinte relojes y ninguno está a la hora de llegar a tiempo.

En realidad no tengo nada que ofrecerte, pero coge lo que quieras.

Bloody.

miércoles, 21 de enero de 2015

Inacabado.

Me he tumbado a pecho suelto entre tus manos,
se me ha salido desbocado el corazón, 
ahora ando buscándolo entre tus dedos,
pendiendo del hilo que marca la línea de tu vida.
Me han leído el futuro y no tiene final feliz. 

El desenlace de tus enredos y los míos.

Se me está perlando la frente de sudor 
y un adiós tuyo es más duro que ningún diamante.
Brutales nuestras noches en vela.
Sin condones que me salven 
del poder que engendran tus gemidos en mi alma. 
Y a los nueve meses concibo unas dudas que pesan 3kilos 300gramos, 
como plomo al caminar.

Bloody.