miércoles, 1 de octubre de 2014

Que no, que no sigo.

Me he mirado en el espejo, bien, en serio, de frente, sin titubear y me he plantado cara a ver si así broto y me encuentro.

He estado hablando conmigo misma y no me he entendido nada.
¿Perdida? 
Para nada, sé perfectamente que estoy anclada en ninguna parte. 
Y huele un poco a que no hay huevos suficientes para seguir jugando a esto de la vida. Pero no queda otra.
Aunque tranquilos porque tarde o temprano la que dispara siempre es ella.

Sabes que te has hecho mayor cuando pierdes la ilusión de serlo. 
El día que sin decirte nada, pero diciéndotelo todo tus padres te miran con un "así es de jodido" escrito en la mirada.
Y tú, inocente aún, pones una sonrisa de tonta incrédula.

Y en un intento desesperado de ir a contracorriente sacamos tanto a nuestro niño interior que acaba resfriado y nosotros muy ridículos.

Si llegan a contarme hace quince años que la vida era así, no habría sabido de qué me estaban hablando.

Y es que somos muy de seguir "p'alante" ,de me arriesgo y la caja, como si no fuesen todas de Pandora. 

Pero seguimos, claro que seguimos, siempre seguimos, de lo que sea, como borregos. 

Así que no sé, igual echarle un par de huevos es coger echar de golpe el freno de mano y soltar un 'me planto' y no metafóricamente hablando. 
Y dejar de seguir y empezar otra cosa. 

Sólo digo que enfrentarnos al miedo de lo desconocido es lo único que puede hacernos más fuertes.

Bloody.


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