jueves, 9 de octubre de 2014

Penélope.

Son las ocho y ya atardece el cielo, cansado de vernos correr de un lado para otro y no llegar a ningún sitio. Arde entre tonos rosas y púrpuras, ojeras de haber llorado de cuatro a seis.

Le miro, su pelo lacio, sus labios caídos y  los ojos entornados desenfocando los límites de la realidad. Pobre Penélope, que sigue y sigue esperando. 
Tejiendo sueños y deshilando oportunidades.
'¿Pero no ves Penélope que esto ya está acabado?', le pregunto y no me oye.
Ya no quiere, no se atreve. 

'Que se te va a enredar el corazón con las mentiras y no habrá puntos de sutura suficientes para evitar un trágico final.' 

'Mírate Penélope, que sabes que no te queda hilo siquiera para un mes más. 
Que ya ha llegado, que lleva a tu lado un buen rato, que es hora de enfrentarse a una misma y decirse la verdad. 
Penélope es ahora o nunca, porque ya te ha esperado demasiado, casi tanto como tú lo has hecho. Ya sé que no es como esperabas, pero es justamente lo que esperabas. Deja ya lo que estás haciendo, mal. Déjalo o ya no tendrá sentido volver a esperar nunca más. Es tu vida sí, no como la habías imaginado, pero sí como imaginas que te hará feliz'.

Estoy cruzando los dedos porque me escuche de verdad. 

Bloody.



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