viernes, 17 de octubre de 2014

La cima.

Mírala, esperando el autobús sin saber que alguien la espera a ella justo en dirección contraria.

Mírala, al borde del precipicio, mirando con respeto hacia abajo, enseñándole las puntas de los pies al vacío, poniéndole los dientes largos.
No te preocupes, que no busca un final. Que no va a tropezar y caerse. Ya no.

Solo observa y piensa que qué bonito sería lanzarse si pudiese alzar el vuelo y llegar a la cima de un nuevo comienzo.

Y cierra los ojos.
Y salta.
Y vuela.
Y es libre.

Sonríe.

Entonces abre los ojos, da un paso hacia atrás con cuidado, sin pararse a pensar en la metáfora que le roza el brazo queriendo llamar su atención.

'No es un paso de esos', murmura. 

Por fin llega el autobús cargado de gente que busca un destino, que posiblemente no sea al que llegue cuando se apee. 

Ella se baja en la última parada, quien la espera da un último suspiro y un reloj se pará al compás de un punto final.

Sonríe.

Bloody.





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