lunes, 1 de septiembre de 2014

Sin título.

De abrazarme al vacío en un intento de encontrarte al otro lado, 
me he caído escaleras abajo desde el quinto hasta la primera planta,
que resultó ser un rosal lleno de espinas. 

Lo que tienen las malditas metáforas es que duelen de verdad.

He cogido lápiz y papel por si salía a borbotones algún sentimiento de mis dedos,
sigo sin saber qué tengo dentro. 
La papelera está llena de bocetos de recuerdos.

He ido por la calle tapándome los ojos para no verte con nadie y he tenido la suerte o la desdicha de cruzar siempre en verde.

Me he quedado mirando tanto tiempo al infinito, que le he visto los límites al cielo. Las bragas a la luna, presumen algunos, yo os aseguro que no lleva. 

Me ha tocado estar cada noche en el lado frío de la cama, da igual donde me duerma. Y no me ha vuelto a faltar mi trozo de manta, he visto a Penélope esperándote conmigo sin parar de tejer.
 
Me han preguntado por el tiempo y les ennumeraba los días de lluvia. Me han preguntado qué añoraba y en qué pensaba cuando lloraba. Nunca les he respondido, si no han sabido que no era qué, sino quién. 

Y tu nombre a todas horas agijoneando cara milímetro de la piel, 
como si necesitara tatuarme cicatrices. 

Eché el último aliento sobre tu cuello y ahora me siento dolorosamente viva.

Bloody.


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