martes, 23 de septiembre de 2014

París.

Suena música de fondo, la tararea con los dedos, se sumerge en ella. Se hunde. Más. 

Qué curioso es ver cómo se ahoga cuando intenta escapar. 
Y qué triste.

Le tiendes la mano y no la ve, no te ve, porque nunca ha visto nada más que lo que ha querido ver.
Y era todo mentira.

Le hablas y no te escucha, no te oye, porque nunca ha querido saber nada que pudiese hacerle daño.
Y ha sufrido más que nadie. 

Le miras y no te conoce, no le conoces, porque lo que te cuenta no es lo que es, su pasado no es su pasado.
Y el presente ya no le pertenece.

Le quieres y no lo sabe, no lo entiendes, porque lo intentas una y mil veces, pero no estás ni remotamente cerca.
Y se esconde terriblemente lejos a tu lado.

Suena música de fondo y tararea con los dedos los pensamientos que inundan su mente. 
Y los monstruos, los monstruos se han buscado otro oficio porque ahí ya no tienen más que hacer. 

Bloody.

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